La educación contemporánea ya no puede entenderse únicamente desde el salón de clases. Tanto el aprendizaje del inglés en una ciudad fronteriza como la formación de estudiantes de psicología muestran una realidad compartida: las personas aprenden, interpretan y construyen conocimientos desde sus experiencias previas, sus contextos sociales y las oportunidades que tienen a su alcance. La investigación sobre las concepciones de la psicología en estudiantes universitarios muestra que ningún alumno llega “vacío” a la universidad. Cada estudiante construye su formación desde ideas previas, experiencias personales y representaciones sociales de la disciplina. A medida que avanzan en su carrera, estas concepciones se transforman gracias al contacto con docentes, autores, información y experiencias académicas. Por otro lado, el artículo sobre el aprendizaje del inglés en Tijuana evidencia que dominar una lengua no depende solamente de asistir a clases. Series televisivas, música, videojuegos y redes sociales se han convertido en espacios cotidianos de aprendizaje que complementan —e incluso en ocasiones superan— la enseñanza formal. Sin embargo, también revela una profunda desigualdad: vivir en la frontera no garantiza acceso real al inglés. Tener visa, recursos económicos, contactos familiares o posibilidades de movilidad modifica drásticamente la experiencia lingüística de los jóvenes. Aunque ambos textos abordan temas distintos, coinciden en algo esencial: el aprendizaje es un proceso profundamente humano y contextual. No basta con ofrecer información; es necesario comprender las condiciones emocionales, sociales y culturales desde las que las personas aprenden. El inglés no representa lo mismo para quien puede cruzar diariamente a Estados Unidos que para quien solo lo escucha en canciones o películas. Del mismo modo, la psicología no significa lo mismo para un estudiante que llega buscando “ayudar personas” que para otro interesado en la investigación o el ámbito organizacional. Estas investigaciones también cuestionan una idea todavía dominante en muchos sistemas educativos: creer que todos los estudiantes tienen las mismas oportunidades y parten desde el mismo punto. En realidad, las trayectorias de aprendizaje están condicionadas por desigualdades, experiencias familiares, acceso a recursos y expectativas profesionales. Ignorar esto provoca frustración, inseguridad y procesos educativos poco significativos. La educación del presente exige reconocer que aprender no es memorizar contenidos, sino construir sentido. Los docentes, más que transmisores de información, se convierten en mediadores capaces de conectar conocimientos con experiencias de vida. Tanto en la enseñanza del inglés como en la formación universitaria en psicología, el reto consiste en generar contextos donde los estudiantes no solo acumulen información, sino que puedan apropiarse del conocimiento y vincularlo con sus propios proyectos de vida. Bienvenidos a ALTAmira 41.