Ciencia aplicada, ética del cuidado y acompañamiento en contextos de vulnerabilidad. La presente edición reúne dos trabajos que, desde campos aparentemente distintos, convergen en una preocupación central de las ciencias humanas y de la salud: cómo acompañar el sufrimiento humano con rigor científico, sensibilidad ética y pertinencia contextual. Tanto el estudio sobre el análisis de la tanatología como práctica científica así como la aplicación de la Técnica Chang en niños con conductas disruptivas colocan en el centro la necesidad de intervenciones interdisciplinarias que trasciendan la mera descripción del problema y se orienten hacia el cuidado, la dignidad y la transformación relacional. El primer artículo, dedicado a la tanatología como práctica científica, amplía esta reflexión hacia otro extremo del ciclo vital: el proceso de morir y el duelo. Lejos de concebir la tanatología como una práctica empírica o exclusivamente emocional, el texto la presenta como una disciplina científica e interdisciplinaria, con un sólido sustento teórico, metodológico y ético. Desde su objeto de estudio —la muerte y el proceso de morir en sus dimensiones físicas, psicológicas, sociales, espirituales y culturales— hasta sus campos de aplicación médica, psicológica, educativa, social, jurídica y espiritual, el artículo demuestra que la tanatología articula conocimiento científico con un enfoque profundamente humanista. El análisis del sustento teórico-científico, que integra aportes de la medicina, la psicología, la bioética, la antropología y la espiritualidad, así como teorías fundamentales como las etapas del duelo de Kübler-Ross y la logoterapia de Viktor Frankl, refuerza la idea de que acompañar el sufrimiento ante la muerte requiere tanto método como sentido. Asimismo, la exposición de los principios bioéticos —autonomía, beneficencia, no maleficencia, justicia, confidencialidad y dignidad— posiciona a la tanatología como una práctica regulada, responsable y comprometida con los derechos humanos, particularmente en contextos de alta vulnerabilidad. El segundo artículo, centrado en la Técnica Chang, aborda un fenómeno ampliamente presente en los ámbitos educativo y clínico: las conductas disruptivas en la infancia. A través de un estudio de caso múltiple con niños de entre 8 y 11 años, el trabajo muestra cómo la psicoterapia familiar y grupal basada en el juego —estructurada en fases de juego dirigido, juego libre y juego socializado— favorece el desarrollo de conductas prosociales y la disminución de comportamientos disruptivos dentro del espacio terapéutico. El artículo aporta evidencia sobre el valor del juego como herramienta clínica para el desarrollo de la regulación emocional, el vínculo afectivo y la cooperación entre pares, especialmente en niños con historias de institucionalización, apego inseguro y barreras de aprendizaje. Esta edición invita, así, a repensar el papel de las disciplinas aplicadas en contextos de vulnerabilidad. Los artículos aquí presentados muestran que la ciencia, cuando se articula con el juego, la palabra, la presencia y el respeto, no solo explica la conducta o el duelo, sino que contribuye a humanizar los procesos más difíciles de la experiencia humana.